Lugares de Mexico
 
 


San Mateo del Mar

Caminos de cempasúchil: la celebración del Día de Muertos en Huaquechula

(Estado de Puebla)

El 31 de octubre pasado, unos habitantes de Huaquechula salieron de sus casas con bolsas llenas de flores de cempasúchil. Después de rociar la calle con agua bendita, empezaron a dibujar con los pétalos un camino en dirección al cementerio para ayudar las almas de los difuntos a regresar a su casa -una tradición que se lleva a cabo cada año desde tiempos ancestrales-.

Sin embargo, los numerosos visitantes que llenaron durante los 3 días de la celebración del Día de los Muertos las calles del pequeño pueblo no habían viajado solamente para conocer esta costumbre -la cual se conserva también en numerosos pueblos del Estado de Puebla o de otros Estados (San Luís Potosí, Hidalgo…)- sino para descubrir una tradición original del lugar: la edificación de los altares monumentales de “cabo de año” dedicados a recibir a las personas que han fallecido en los 12 meses anteriores; unas impresionantes construcciones de hasta tres metros de altura recubiertos de tela clara y brillante, parecidas a los enormes pasteles de boda que se venden hasta el día de hoy en el centro histórico de la Ciudad de México, por ejemplo en la Pastelería “La Ideal”.

Huaquechula -Cuauhquechollan, de “cuauh”, águila y “quecholli”, nombre de un pájaro de la familia del quetzal- está situado en las estribaciones sur del volcán Popocatépetl. Fue en la época prehispánica un puesto militar azteca del cual se conservan restos de fortificaciones en las afueras del pueblo. De allí provienen las piedras labradas que adornan el pequeño zócalo del pueblo y también las que se incorporaron en las paredes del convento -se pueden apreciar unas cuantas en la base del templo-.

La región que se extiende alrededor del Popocatépetl, rica, poblada y próxima a la capital de la Nueva España, fue evangelizada por los franciscanos poco tiempo después de la conquista. La construcción del enorme convento de Huaquechula, contemporáneo y muy parecido al del pueblo vecino de Tochimilco, empezó al parecer en 1534 bajo la dirección de Fray Juan de Alameda. Apartado del camino, conectando las ciudades “importantes” de la región -Puebla, Atlixco, Izúcar de Matamoros- el pueblo de Huaquechula conservó su economía agraria y sus tradiciones hasta el día de hoy, la más notoria siendo sus majestuosas ofrendas mortuorias, fusión de tradiciones prehispánicas y cristianas.

Los festejos empiezan el 31 de octubre con la realización de un tianguis donde se pueden comprar flores, velas, pan y adornos para las ofrendas en la mañana y la llegada de las almas de los niños en la tarde, prosiguen al día siguiente con la llegada de las demás almas y culminan el 2 de noviembre con la visita de los familiares al panteón para limpiar y adornar las tumbas con flores, veladoras y guirnaldas de papel de china.

Los habitantes elaboran dos tipos de ofrendas: las “ofrendas viejas”, dedicadas a las personas que murieron hace más de un año. Son altares de dimensión modesta, en general colocados sobre mesas, donde se dispone en medio de una decoración floral todo lo que le gustaba a la persona fallecida: pan de muerto, cerveza, mole, frutas, dulces, cigarrillos. No faltan las velas, ni el copal humeando frente al altar en medio de una alfombra de flores de cempasúchil.

Las “ofrendas nuevas”, o ofrendas de “cabo de año”, ocupan todo el costado de una habitación de la casa. Son altares de tres pisos, hechos de tablones de madera forrados de satín blanco o de color pastel, trabajado en pliegues derechos o rizado para formar nubes, a la manera de forros de ataúdes. Descansan sobre una base de pirámide truncada. El segundo y el tercer piso están soportados por “columnas”, las cuales, al igual que los floreros del tercer piso, tienen forma de conos invertidos, con una base más estrecha que su remate. “Barandales” de papel blanco o dorado recortado y angelitos de cartón completan esta decoración sumamente barroca.

Los tres pisos están adornados de acuerdo a la tradición establecida. En el primer piso, se disponen alrededor de la foto del difunto, reflejada en un espejo, todos tipos de alimentos: frutas, caña de azúcar, bebidas, diferentes tipos de panes -pan de muerto, moños con sonrisa de calavera, “ánimas” espolvoreadas de azúcar rojo- tamales, mole, chocolate. Si el altar está dedicado a un niño, se agregan unas flores o unos animalitos de azúcar, borregos, patos, conocidos como “alfeñiques” en el pueblo y su juguete favorito. Dos angelitos de cerámica en lágrimas representando a la familia, los lloroncitos, resguardan las esquinas. En el segundo piso, predominan los elementos religiosos -imagen de la Virgen María, cáliz, ángeles de cerámica rezando- iluminados por velas o modernas luces fluorescentes. El gran crucifijo del tercer piso, rodeado de flores rojas de “pata de león” también llamadas “moco de guajolote”, remata el conjunto. Los cirios regalados por los visitantes se apilan al pié del altar junto a los quemadores de copal, los ramos de flores y al plato donde los visitantes dejan una cooperación para ayudar a la familia del difunto.

La fiesta de los muertos es el producto del mestizaje cultural entre la cultura occidental y la cultura indígena. En Huaquechula, las fiestas cristianas de todos santos fusionaron con el culto local de los ancestros pero también con antiguos ritos agrarios. Por lo tanto, no es sorprendente encontrar en los altares tanto elementos cristianos -cruz, cáliz, ángeles, velas- que prehispánicos -copal, camino de cempasúchil, ofrendas de alimentos-.
Click aquí para ver todas las fotografías
Bookmark and Share Mapa de San Mateo del Mar Traza tu Ruta Comentario a Lugares de México

Sin embargo, la herencia prehispánica predomina y aparece también en la concepción misma del altar: sus tres pisos simbolizan a una pirámide y representan a los tres niveles de la cosmovisión indígena (inframundo, cielo y tierra); la fotografía del difunto tiene que reflejarse en un espejo porque éste se encuentra en el inframundo; en cuanto a los “lloroncitos”, son los probables descendientes de los tlaloques, niños sacrificados en rituales de petición de lluvia y que tenían que lloran para hacer llegar el agua en abundancia; el azúcar rojo de los panes alude a la sangre de los sacrificios, etc.

Los precios de los altares varían según los “altareros” que los realizan y el tamaño del altar. Al precio del altar -unos $50,000 pesos actualmente en promedio- hay que agregar los gastos de la comida que se van a ofrecer a los visitantes, a veces cerca de 2,000 personas: mole, bebidas, chocolate o atole por lo general. Todos los miembros de la familia tienen que cooperar, los que han emigrado a los Estados Unidos son particularmente solicitados. Sin embargo, no todos pueden seguir la tradición: sólo una parte de las familias afectadas por un duelo en el año anterior tienen los recursos suficientes para construir un “altar nuevo”.

Aunque los altares se encuentren en casa privadas, los visitantes hacen cola en las calles para entrar y conocerlos, lo que quita privacidad, solemnidad y carácter sagrado a la celebración. Por lo tanto, desde unos años, los servicios de la Presidencia Municipal construyen un altar en el piso superior del convento para los visitantes, estimados unos 30 a 40.000 este año.

Éstos pueden aprovechar la oportunidad para visitar el edificio, dedicado a San Martín de Tours, el cual se encuentra en buen estado de conservación. El templo es de tipo fortaleza: altos muros, remates almenados, fachada austera con la excepción de los dos portones, oeste y sur (la “porciúncula”), los dos muy ornamentados. La “porciúncula” se encuentra siempre cerrada y se abre solamente los dos de agosto. En esta fecha, los fieles que entran a la iglesia por esta puerta ganan indulgencia plenaria. También es notable la capilla abierta con su bóveda de crucería que se encuentra a la derecha del templo, desde la cual los frailes podían dirigir la palabra a los indígenas reunidos en el enorme atrio. El interior de la iglesia ostenta una interesante decoración: pinturas de Francisco de Villalpando en el altar principal, ángel de estilo sudamericano del púlpito, altas bóvedas de crucería...

El convento, de dos pisos, ha conservado también unos detalles muy interesantes como la cruz espinada sobre una biznaga que se encuentra en el refectorio y una parte de sus pinturas murales. Es de notar en el primer piso la peregrinación de los penitentes, parecida a la que se realiza en la actualidad durante la Semana Santa en San Luís Potosí.

Cómo llegar:
Por la autopista México-Orizaba, salir antes de Puebla en dirección a Cholula-Atlixco-Izúcar de Matamoros. Después de Atlixco, tomar por la derecha la ruta que conduce a Huaquechula, pasando por Cacalosúchitl. El camino zigzaguea a través de los campos de cempasúchil, en flor desde la mitad de octubre, y ofrece a cada curva una vista diferente hacia el Popocatépetl.

Dónde comer y dormir:
No hay restaurantes en Huaquechula. En época de fiestas, se instalan puestos de comida en el Zócalo. Los más cercanos restaurantes y hoteles se encuentran en Atlixco.

Fiestas en Huaquechula:
Fiestas católicas, fiesta del 3 de mayo y celebración de los Muertos desde el 31 de octubre hasta el 2 de noviembre.

Libros:
Se ha escrito mucho sobre las creencias de los pueblos prehispánicos en lo que concierne al más allá. Podemos mencionar un libro recién publicado sobre este tema: Eduardo Matos Moctezuma. La Muerte entre los Mexicas (Tusquets, 2010).

Referencias:
Secretaría de Turísmo de Puebla.

Texto Anne Bonnefoy
Fotografía Anne Bonnefoy

Todos los Derechos Reservados © 2010-2017
Última actualización de información: Diciembre 2010

Acolman San Mateo del Mar
Descubre nuevos destinos / Donativos / Quiénes somos / Contacto / Códigos de ética del viajero / Enlaces

Terminos, Condiciones y Privacidad. Todos los Derechos Reservados Lugares de México. 2017 ©
Este sitio se ve mejor con el navegador Safari