Lugares de Mexico
 
 


Tepalcingo Jolalpan Tzicatlan Tlacualpican

Cuarteto Barroco

(Estado de Puebla y Morelos)

Al sur de Cuautla, en la frontera del Estado de Morelos con el Estado de Puebla, se encuentran 4 misteriosos monumentos de la época de la colonia: el Santuario de Jesús Nazareno en Tepalcingo y los templos de Santa María Jolalpan, San Lucas Tzicatlán y Santa María Tlancualpicán. Son edificios de piedra, característicos de la arquitectura colonial mexicana, pero con sorprendentes fachadas de argamasa -o yesería- que no tuvieron equivalentes en el resto de la Nueva España.

Los pueblos de Tepalcingo, Jolalpan, Tzicatlán y Tlancualpicán están ubicados no muy lejos de los territorios agustinos (desde Tepoztlan y Tlayacapan al norte hasta Jonacatepec al sur). A partir del descubrimiento de la imagen del Señor de Chalma en la cueva del dios Oxtotéotl en 1539, la Orden agustina escogió como instrumento de evangelización el culto a las imágenes de Cristos crucificados, en general “Cristos aparecidos”. El más famoso fue el Cristo de San Guillermo Totolapan que “apareció” en el año 1543 al padre Antonio de Roa. El “cristocentrismo” fue adoptado aparentemente sin resistencia por los habitantes de la región que lo interpretaron a su manera, agregándole otros significados: Cristo-Sol, Cristo Joven o Cristo Viejo.

No es sorprendente por lo tanto que el Cristo sea el elemento central de las fachadas de Tepalcingo y de Jolalpan -donde se ubica en lo alto del remate- como de las de Tzicatlán y Tlancualpicán donde “levita” encima del portón de entrada. Esta representación no es muy común en las fachadas coloniales de argamasa, tampoco son muy frecuentes los demás elementos decorativos, algunos anacrónicos o exóticos, plasmados por los artistas indígenas.

El Santuario de Jesús Nazareno (Estado de Morelos). En Tepalcingo, a unos 40 Km. al sureste de la ciudad de Cuautla, es conocido por su tradicional feria del tercer viernes de Cuaresma. Desde el época colonial, se reúnen en Tepalcingo comerciantes y artesanos de toda la región para exponer y vender sus mercancías o su producción: rebozos, molcajetes y metates, muebles pintados, machetes y sobre todo lacas de Olinalá, aunque son cada vez menos numerosos los artesanos de Olinalá que participan a la feria.

Pero Tepalcingo es más conocido por su Santuario dedicado a Jesús Nazareno o Cristo de las Tres Caídas, cuya imagen atrae todavía en la actualidad peregrinos de todo el país. Fue construido precisamente para albergar a esta imagen milagrosa entre 1759 y 1782 a petición de la Cofradía de Jesús Nazareno, quien recibió el apoyo de los dueños de las haciendas de la región (Chicomocelo y Santa Clara de Montefalco, entre otros).

El Santuario es un edificio imponente, de proporciones harmoniosas. Sus dos altas torres, decoradas con sol, luna, y estrellas enmarcan la fachada de argamasa. Es probable que haya sido pintada en el pasado con colores fuertes y vivos, pero desde su reciente restauración, ostenta un color uniforme rojo veneciano.

La fachada, de tipo retablo, está dividida en dos cuerpos separados por un friso. Es un ejemplo perfecto de este “horror al vacío” o de “saturación de imágenes”(1) que es la marca distintiva del barroco latinoamericano. Predominan las representaciones de personajes (santos, ángeles, evangelistas, Adán y Eva, etc.), separados por elementos vegetales. Ni los fustes de las columnas escaparon de la obsesión decorativa de sus creadores: sirven de soporte a figuras humanas y celestiales o a atlantes. En el remate, han sido representados el Cristo en la cruz, los dos ladrones y varios personajes de la Pasión, entre los cuales San Juan y la Virgen. El ojo se pierde entre tantos detalles y tiene que descansar de vez en cuando en los únicos espacios de la fachada que no pudieron recibir ninguno elemento decorativo: el portón del primer cuerpo y la gran ventana del segundo cuerpo.

Constantino Reyes Valerio, uno de los pocos investigadores que han estudiado este edificio, ha demostrado que su fachada ha sido cuidadosamente planificada para servir a la enseñanza de la doctrina cristiana. Según el investigador, “valiéndose de triángulos” (cuyas puntas superiores se ubican en el remate) …, “los artistas elaboraron los cuatro temas en que se descompone la obra : caída y redención, pasión de Jesús, la enseñanza cristiana, la misericordia celestial”. Sobre estos triángulos se superponen otros más pequeños que ilustran un tema preciso: por ejemplo, caída de Jesús + Apóstoles dormidos + negación de San Pedro.

Se reconocen en la fachada varios estilos correspondientes a varias épocas: las representaciones de Adán y Eva (de cada lado del portón), los apóstoles con los ojos cerrados, la rigidez de las vestiduras llevan “ las huellas de la edad media”(2) europea; el águila bicéfala, el Toisón de Oro (esquina derecha del portón) así como las columnas entrelazadas son de inspiración renacentista; los demás elementos - los ángeles, los motivos vegetales, el movimiento del remate, el ritmo de la fachada y de manera general, la exuberancia y la abundancia de su decoración- corresponden al estilo barroco. No se sabe cómo estos elementos llegaron a los artistas indígenas que elaboraron la fachada de Tepalcingo. Pero es destacable la interpretación que les dieron y los elementos locales que les agregaron el dibujo de petatillo o el sol y la luna. A pesar de la multiplicidad de estilos, o quizás por esta razón, el Santuario de Tepalcingo es una obra de arte singular y de una gran fuerza expresiva.

Santa María Jolalpan
(Estado de Puebla).
Desde Tepalcingo, la carretera se dirige hacia el sureste, cruza el pueblo de Axochiapan y gira decididamente hacia el sur, siguiendo el cauce del río Nepaxa a través una densa vegetación tropical, de la cual emergen anchos cardones. El pueblo de Jolalpan aparece poco después de la salida de la cañada.

El Templo de Santa María es un edificio de dimensiones medianas y cuenta con una sola torre. Una inscripción indica como fecha de construcción el año de 1753. La fachada-retablo, de dos cuerpos y remate circular, tiene mucho parecido con la fachada del Santuario de Tepalcingo de la cual probablemente se inspiró, pero la composición de su decoración es más dinámica.

Se organiza en torno a dos grupos de columnas: columnas laterales decoradas con motivo de petatillo prolongándose en el segundo cuerpo con las columnas de fustes entrelazados, parecidas aunque más logradas a las de Tepalcingo; columnas centrales ricamente adornadas con motivos vegetales estilizados, caras de ángeles, mascarones y atlantes. Perdidos en medio de la fachada, asfixiados por la abundancia de elementos decorativos, San Pablo y San Pedro enmarcan el enorme portón del primer cuerpo, San Agustín y San Jerónimo la ventana del segundo cuerpo.

El remate presenta diferencias notables con él de Tepalcingo. El Cristo crucificado en la parte superior del remate contempla una escena llena de vida y de movimiento, muy alejada de la austera Crucifixión de Tepalcingo: cuatro ángeles barrocos vuelan alrededor de una Virgen rodeada de lengüetas de fuego; de cada lado de la Virgen, el artista indígena ha plasmado un sol y una luna así como unas vírgulas de la palabra. Abundan por toda la fachada motivos exóticos y sorprendentes: capiteles formados por águilas bicéfalas o pelícanos, ángeles músicos, motivos “egipcios” de las columnas, elementos prehispánicos como los ángeles “descendientes” de las columnas entrelazadas.

Como en Tepalcingo, las figuras siguen “un orden preestablecido para integrar una lección teológico-simbólica”(3), una serie de triángulos aludiendo a temas religiosos: el Pecado Original, los cuatro Apóstoles, los Doctores de la Iglesia, etc.

La fachada ha sido repintada en 2008 al gusto de los habitantes del pueblo, es decir con toda la gama de colores disponibles en el mercado -conforme a la tradición-, nos recuerdan los historiadores.
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A menos de 100 metros del templo de Santa María, se encuentra la iglesia parroquial de la comunidad de Santa Ana Tamazula. Es una construcción contemporánea de su vecina, con una fachada relativamente sobria. Lo más destacable son sus columnas salomónicas, de factura “barroca clásica”, que enmarcan cada unos de los tres cuerpos. Tampoco en este edificio hacen falta los elementos exóticos como los dos personajes descansando sobre esferas del segundo cuerpo, de inspiración oriental o portuguesa; o las pinturas de David -con su arpa- y Salomón de cada lado de la ventana del primer cuerpo. El interior conserva un antiguo y bellísimo órgano del siglo XVII que necesita de una restauración urgente.

No hay ninguna representación del Cristo en la fachada de Santa Ana Tamazula. Sin embargo, el pueblo conserva la leyenda del Señor de la Ermita que apareció a un campesino y al cual se hace ofrendas de semillas cada año en “la Cuevita” y se invoca para que llueva.

San Lucas Tzicatlán (Estado de Puebla).
Entre Tepalcingo y Jolalpan, se encuentra el pequeño pueblo de Tzicatlán y su templo dedicado a San Lucas Evangelista. Es un edificio pequeño, con una elegante torre y una fachada pintada con colores fuertes. Una puerta lateral indica como fecha de construcción el año de 1761. Sus elementos más destacables -los que le dan su ritmo- son las cortinas que se abren sobre los nichos y sobre la ventana. El primer cuerpo está ocupado por un portón trilobulado, enmarcado por 4 pares de columnas de exuberante decoración y las esculturas de San Pedro y San Pablo. Un Cristo y dos ángeles con harpas levitan arriba del portón. En el segundo cuerpo, se encuentran de cada lado de la ventana varios personajes flotando alrededor de las columnas. San Lucas con su toro ocupa el lugar central de un remate un poco tosco.

Los fustes de las columnas llevan una decoración muy inusual, parecida a un encaje, así como pájaros y pequeños personajes (¿ángeles?), unos escondiéndose detrás de los fustes, otros ascendiendo, otros más decorando los capiteles. Estos motivos no pertenecen a ningún estilo conocido. Reyes Valerio, después de encontrarles una aspecto vagamente hindú, concluye que se trata de “un barroquismo campirano, ejecutado con febril excitación por los naturales del pueblo de San Lucas Tzicatlán, para plantear al investigador del arte arduos y curiosos problemas …”(4).

Santa María Tlancualpicán (Estado de Puebla). El templo de Santa María Tlacualpicán, el más sobrio de los cuatro, se esconde entre unos altísimos laureles de las Indias. Su bonita torre adosada a la fachada presenta detalles curiosos de argamasa: cuatro diablitos en lo alto de la torre, pintados de color rojo-bombero, cuidan los cuatro puntos cardinales; debajo de unos balconcitos que parecen posteriores al resto del edificio bajan unos ángeles rollizos de color rosa -probablemente otra reminiscencia del Dios descendente prehispánico-.

La fachada-retablo, de proporciones clásicas, está dividida en dos cuerpos y un remate. Arriba del portón, encontramos el mismo Cristo levitando que en San Lucas, un personaje lo lleva amarrado de una cuerda. Dos nichos, enmarcados por curiosas columnas, albergan San Pedro -frente a una pila bautismal- y San Pablo. Los motivos de argamasa del aplanado aparecen también en el remate de San Lucas.

En el segundo cuerpo, se destaca la gran ventana con su cortinaje de teatro. El cortinaje se repite en los dos nichos laterales que albergan dos personajes imposibles de identificar. Las columnas salomónicas del segundo cuerpo se prolongan en el remate cuya figura central es la Virgen rodeada de dos ángeles muy al estilo del siglo XVIII. Los relieves en argamasa han sido pintados de color violeta, y los detalles subrayados con colores fuertes.

Los cuatro monumentos que acabamos de describir dejan intrigados a sus visitantes como a los especialistas. Incluso uno de los más grandes historiadores de arte, Manuel Toussaint, dudó a la hora de calificarlos como barrocos. Sin embargo, a pesar de ser un ejemplo extremo del barroco, encajan en la definición que se le da frecuentemente: “una estética del mestizaje cultural, del cambio y de la exuberancia”.

En cuanto a su valor estético, Reyes Valerio observa “la ejecución torpe, el agrupamiento y la composición infantil, la desproporción anatómica casi monstruosa, la técnica en bisel, el hieratismo, la pesadez y la ingenuidad de las expresiones, el burdo modelado y cuantos más defectos se quieran”. La misma descripción se podría aplicar a cualquier obra de la edad media europea; por lo tanto, Reyes Valerio concluye que “todo ello no le quita su valor”.

Dejando de lado los debates de los expertos sobre el origen o la clasificación de estos monumentos, podemos verlos y apreciarlos como son: extraordinarias obras de arte ejecutadas por unos indígenas que supieron valerse de la versatilidad del estilo barroco y de la flexibilidad de la argamasa para expresar con gran fuerza y sinceridad lo que entendían de su nueva fe y lo que pudieron de su antigua religión.

Cómo llegar:

Por carro: Tepalcingo se encuentra a unos 40 Km al sur de Cuautla. La más alejada, Jolalpan, a unos 40 Km más al sur. Las carreteras se encuentran en buen estado.

Por transporte colectivo: Salen varias combis al día desde Cuautla para Tepalcingo. Hay poco transporte público desde Tepalcingo hasta los demás templos, es preferible contar con carro propio.

Dónde dormir y comer:
No hay hoteles, ni restaurantes en Jolalpan, Tzicatlán o Tlancualpicán. En Tepalcingo, existen dos hoteles sencillos, donde uno se puede alojar siempre que la visita no coincide con la Feria o fiestas religiosas del pueblo. A unos 8 Km. de Tepalcingo, se encuentra el balneario de Atotonilco, donde hay también posibilidad de encontrar alojamiento.

(1) S. Gruzinski. La guerra de las imágenes. P. 84.
(2) Teresa Gisbert. El Paraíso de los pájaros parlantes. P. 101.
(3) Constantino Valerio Reyes. Trilogía barroca, p. 22.
(4) Constantino Reyes Valerio. Trilogía barroca. P. 36.

Referencias Bibliográficas:
- Manuel Toussaint. Anales del Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas. Universidad de Buenos Aires. 1953
- Constantino Reyes Valerio. Trilogía barroca. INAH. 1960
- Constantino Reyes Valerio. Tepalcingo. INAH. 1960
- Teresa Gisbert. El paraíso de los pájaros parlantes. Plural Editores y UNSLP. La Paz. Bolivia. 1999
- Serge Gruzinski. La guerra de las imágenes. De Cristóbal Colón a ‘Blade Runner’ (1492-2019). FCE. 1995
- Ricardo Melgar Bao. Una constelación veneracional entre los Nahuas de Morelos. Convergencia, nº 29. 2002
- Javier Otaola Montagne. El caso del Cristo de Totolapan. Interpretaciones y reinterpretaciones de un milagro. UNAM. 2007

Referencias:
Secretaría de Turísmo de Puebla.
Secretariía de Turismo de Morelos.
Municipio de Tepalcingo.
Enciclopedia de los Municipios de México. Jolalpan, Puebla.

Texto Anne Bonnefoy
Fotografía Anne Bonnefoy

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Última actualización de información: Septoembre 2009

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