Lugares de Mexico
 
 


Ruta del Cafe

En busca de los tesoros de la Sierra Madre: las fincas cafetaleras del Soconusco.
(Estado de Chiapas)

No es un puerto -el mar se encuentra a unos 30 kilómetros-, ni una ciudad frontera -el puesto frontera con el de Guatemala más cercano es Talismán, a otros 20 kilómetros-, sin embargo Tapachula es una ciudad muy cosmopolita. Por sus calles deambula gente de todos colores y orígenes en medio de la población local.

Para muchos de ellos, Tapachula es la primera etapa mexicana de la ruta que les llevará al "sueño americano". Pero para otros, es su ciudad natal, el lugar dónde se establecieron sus abuelos al final del siglo XIX: "Al Soconusco, arribaron seis oleadas extranjeras. Tres correspondían a la política de colonización fomentada por el gobierno porfirista: la norteamericana, la alemana y la japonesa. En tanto que la china respondió a la contratación de mano de obra barata para los tendidos de los rieles de las vías de ferrocarril, la kanaka(1) y la guatemalteca respondieron a la necesidad de conseguir fuerza de trabajo para los plantíos de café y hule"(2). A excepción de los japoneses de la Colonia Enomoto de Acacoyagua que se dedicaron en un principio a la agricultura en las tierras puestas a su disposición por el gobierno de Porfirio Díaz, los demás colonos llegaron para participar a la producción de café. Y a esas seis oleadas bien identificadas, se agregó gente de toda Europa -franceses de Córcega, italianos, griegos, suizos,- quienes llegaron más tarde y en forma individual con el mismo propósito.

Cuentan en Tapachula que la aventura del café en el Soconusco empezó en 1846 con el italiano Jerónimo Manchinelli quien trajo de Guatemala 1,500 cafetos para su finca de Tuxtla Chico. Las matas prosperaron y se difundió por todo el mundo la noticia de la existencia de un Eldorado cafetalero en el suroeste de México. En 1892, había ya 27 fincas cafetaleras en el Soconusco; en 1927, eran 94, de las cuales el 34 % pertenecía a dueños alemanes -algunos provenientes de Guatemala donde tenían grandes fincas de café-, el 27 % a mexicanos, el 39 % restante se repartía entre dueños de varias nacionalidades.

La crisis económica mundial de 1929 marcó el fin de la primera bonanza cafetalera. Después de altibajos inducidos por la situación internacional, los precios del café se recuperaron a partir de los años 60 con el Acuerdo Internacional del Café (AIC), el cual regularizaba el comercio del café a través de cuotas de exportación para cada país productor. Con su denuncia en 1991, los precios se derrumbaron otra vez, y ejidos y fincas se vieron en la necesidad de buscar fuentes alternativas de ingresos, cultivo de hortalizas, flores, cacao, cardamomo o frutas exóticas. Unas fincas optaron por abrirse al turismo.

Las fincas cafetaleras del Soconusco, incluso las más antiguas, no tienen nada que ver con las "fazendas" cafetaleras del sureste de Brasil, verdaderos palacetes edificados antes de la abolición de la esclavitud, ni con las fincas cafetaleras colombianas que adoptaron el estilo colonial de la zona: muros de bahareque, barandales de madera y techos de tejas. Son casas de pioneros, funcionales, rústicas y construidas con el material disponible localmente: la madera; algunas fueron casas prefabricadas importadas de Estados Unidos por el puerto de San Benito, hoy Puerto Chiapas. Presentan elementos comunes: basamento de piedra o de cemento, techos de lámina pintada de pintura roja antioxidante -necesarios para su conservación en el clima lluvioso del Soconusco- y anchos corredores exteriores. Unas son de estilo chalet, otras adoptaron una decoración Selva Negra de pacotilla, unas son sofisticadas, otras austeras. No presentan el mismo grado de conservación: mientras que unas han sido restauradas, otras están a punto de derrumbarse y muchas han sido reemplazadas por edificios de cemento. Más allá de su variable interés arquitectónico, las fincas del Soconusco tienen valor cultural: representan una página de la historia económica de México y pertenecen a su patrimonio industrial.

Sin embargo, el primer proyecto turístico que nació hace 10 años -la Ruta del Café, un proyecto del sector privado- se enfocó sobre todo en el ecoturismo y turismo de aventura. Las fincas que participaron en el proyecto están situadas en medio de un bosque tropical, al pié del volcán Tacaná y al borde de la Reserva de la Biosfera del mismo nombre, particularmente rica en biodiversidad. Los cafetos se esconden debajo de los árboles -se produce aquí café de sombra- y de lejos no se distinguen del resto de la vegetación. En cuanto a los edificios -las "casas grandes" rodeadas de las construcciones destinadas al beneficio del café y al alojamiento de la mano de obra- solamente sus techos de lámina emergen de la cobertura vegetal. La Ruta del Café abarcó a una decena de fincas de las más antiguas: Hamburgo, Chiripa, Argovia, Violetas, Santa Rita, Lindavista, Perú-París, San Antonio Chicharras, Rancho Alegre e Irlanda. Al día de hoy, solamente 3 de esas fincas se han abierto al turismo- Argovia, Hamburgo e Irlanda.

La Ruta del Café sale de Tapachula en dirección al volcán Tacaná en medio de paisajes magníficos. La primera etapa es la Finca Argovia, cerca del ejido Nueva Alemania. Fue fundada en 1880 por una familia suiza procedente del cantón de Argau, y luego adquirida por el alemán Adolf Giesemann, y se ha quedado en la misma familia desde entonces. A la primera construcción, importada de Estados Unidos se agregaron las instalaciones para el beneficio del café -máquinas despulpadoras, tanques de lavado, patio de secado- y las casas para el alojamiento de la mano de obra. La finca Argovia, hoy un "resort" elegante, sigue produciendo café y también extraordinarias flores exóticas.

Más arriba, a unos 10 km, se encuentra otra finca perteneciendo a la familia Giesemann, la Finca Violetas, cerca del ejido de Mexiquito. Se llega a la finca, -un edificio estilo chalet cuyos muros oscuros contrastan con el verde del jardín que la rodea-, por un camellón de altas palmeras reales. La finca ya no tiene tierras y no produce café, pero su belleza romántica compensa la hora de brecha en malas condiciones que hay que recorrer para conocerla.

Después de la finca Argovia, la carretera sigue subiendo -es ahora un camino de terracería- y deja a su izquierda la inmensa finca Maravillas, construida en la pendiente de una loma, luego la finca Génova antes de llegar a la finca Hamburgo, a una altura de 1,200 metros sobre el nivel del mar. Fue fundada en 1888 por el Sr. Arthur Edelmann y pertenece todavía a sus descendientes. La casa principal y las construcciones donde están alojados los huéspedes han sido edificadas en un mirador. De allí, se pueden apreciar las hileras de cafetos dibujando las curvas de nivel de los terrenos de la finca -la finca Hamburgo es de las pocas que no produce café de sombra- , las instalaciones para el beneficio del café y, con cielo despejado, el mar Pacífico muy a lo lejos.

La Ruta del Café termina en la Finca Irlanda, construida por colonos irlandeses en 1892 y comprada por la familia Peters en 1928. El dueño actual, el Sr. Walter Peters Grether, fue el primero en la región en producir café orgánico, y lo exporta a Alemania, Estados Unidos, Holanda, Suiza y Japón. El café orgánico de la Finca Irlanda tiene seis certificaciones internacionales.
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La casa grande original, enmarcada por dos torrecillas, tiene mucho encanto. Bajo el corredor, grandes jaulas albergan tucanes y otros pájaros y animales provenientes de la reserva ecológica de la propia finca.

Dos fincas más que no están en la Ruta del Café pero que se pueden visitar, deben ser mencionadas: la finca Santo Domingo, cerca de Unión Juárez, que fue en su tiempo una de las fincas más extensas y productivas del Soconusco. Pertenecía a los hermanos Enrique y Fernando Braun, hijos de ciudadanos norteamericanos establecidos en el Estado de Sonora. Cuentan los ejidatarios -hoy dueños de la finca- que la casa fue construida para la compañera de Hitler, Eva Braun, quien incluso habría pasado una temporada allí; felizmente o infelizmente, esta leyenda no tiene ningún fundamento histórico.

La "casa grande" de Santo Domingo, una casa importada de Estados Unidos, fue una de las más lujosas con sus interiores revestidos de caoba y cedro, y su pintura mural estilo Art Nouveau, de la cual quedan muestras en las habitaciones del primer piso. Después de muchos años de abandono, ha sido restaurada y alberga un restaurante y un pequeño museo del café. Otra finca que se puede visitar es "La Changa", ex-finca Palestina, hoy bonito restaurante campestre y parque ecoturístico.

Las fincas abiertas al público representan un porcentaje ínfimo de las fincas que presentan un interés, arquitectónico, histórico, o sencillamente visual. A falta de inventario y de señalización, es solamente con la ayuda de una persona que conoce la región y también los dueños de fincas que es posible descubrir algunas "fincas no turísticas".

Entre estas, se encuentra la finca Chicharras. De la "casa grande" no queda nada más que los cimientos, pero su bonita fuente y unas construcciones de madera a punto de derrumbarse hablan del esplendor desvanecido de esta finca. Las tierras de la finca Chicharras fueron divididas entre varias fincas, entre las cuales las fincas San Antonio y Santa Teresa. Más arriba de Chicharras, se divisa el techo de la finca Covadonga donde habría vivido, dice la tradición local, el misterioso escritor Bruno Traven bajo el nombre de Otto Schlamme. No muy lejos, se encuentra la finca Guanajuato de la familia Armbruster-Bernstorff y la Finca San Carlos que pertenece al Sr. Alfredo Klein -es una muy bonita casa de madera construida en 1892-. Existen fincas de cacao alrededor de Cacahoatán de dónde es originario este arbusto.

Una estancia en las fincas se puede completar con una visita a la zona arqueológica maya de Izapa y al templo colonial de la ciudad vecina de Tuxtla Chico, uno de los más antiguos de la región. Se puede también aprovechar para subir al Volcán Tacaná -"la Casa de Fuego" de los indígenas Mams-, intentar avistar los quetzales de la Reserva El Triunfo o descubrir los manglares de la Reserva de La Encrucijada. O conocer la piedra de Huixtla -a unos 60 Km. al norte de Tapachula- un enorme y misterioso monolito de más de 100 metros de altura que se erige en la cumbre de una montaña.

Si la estancia coincide con la temporada de la cosecha, a partir de noviembre, es posible además descubrir el proceso que transforma los granos rojos de un pequeño arbusto de hojas brillantes en la imprescindible bebida negra y amarga -la cual tiene en el Soconusco un ligero sabor a cacao-. Un pequeño arbusto que hizo de una región aislada y alejada de las grandes ciudades una encrucijada de culturas a principios del siglo XX, que la proyectó en la escena internacional durante la segunda guerra mundial -todavía circulan en la región historias de submarinos japoneses abasteciéndose en la costa, de fincas intervenidas y de dueños alemanes recluidos en Perote- y que al día de hoy, sigue siendo la principal riqueza del Estado y el símbolo del café de México en el mundo.

Cómo llegar a Tapachula:
Desde la Ciudad de México por avión (Aeroméxico 1:45 hrs aprox.) o por camión (ADO o FYPSA 16:00 hrs aprox).

Dónde comer y dormir en Tapachula:

Tapachula es una ciudad de 430,000 habitantes, hay hoteles y restaurantes (en particular muy buenos restaurantes chinos) de todas categorías y precios. En la Ruta del Café se ofrece alojamiento en las Fincas: Hamburgo, Argovia e Irlanda.

Notas útiles:
- Existen tres reservas de la biosfera en el Soconusco: Volcán Tacaná, El Triunfo y la Encrucijada. Se ha propuesto la extensión de la Reserva de la Biosfera del Volcán Tacaná, con la cual duplicaría su superficie y abarcaría toda la zona cafetalera a lo largo de la frontera con Guatemala.

- El "Triangulo del café" de Colombia (Departamentos de Caldas, Quindío y Risaralda) fue inscrito en la lista del Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en junio de 2011. El organismo internacional explicó que quiso distinguir “un ejemplo excepcional de paisaje cultural sustentable y productivo”.

- Contacto local para hacer un viaje "diferente" (visitas de las fincas cafetaleras y reservas de la biosfera de la región): Café Xoc-Noch - Familia Sonnemann: 01 (962) 1180265.

(1) de Nueva Caledonia.
(2) Maria Elena Tovar. Extranjeros en el Soconusco. Ver bibliografía.

Bibliografía:
- El Tesoro de la Sierra Madre (1927)/El puente de los colgados (1936). Bruno Traven.
- Retornaremos como sombras. Paco Ignacio Taibo II. Ed. Joaquín Mortiz. 2001.
- San Antonio Nexapa. Helen H. Seargeant. Fonapas Chiapas. 1980.
- Mi vida en los cafetales. Winifred Mahnken. Gobierno del Estado de Chiapas. 1993.
- Siete migraciones japonesas en México, 1890-1978. María Elena Ota Mishima. El Colegio de México. 1985.
- Extranjeros en el Soconusco. Ma. Elena Tovar González. Redalyc. 2000.
- Mames de Chiapas. Francisca Quintana Hernández/Cecilio Luis Rosales. CDI. 2006


Texto Anne Bonnefoy
Fotografía Anne Bonnefoy

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Última actualización de información: Diciembre 2011

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