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Pinos

Desierto adentro: el altiplano potosino alrededor de Estación Catorce

(Estado de San Luis Potosí)

Tanque Valentín, desierto de San Luis Potosí. Marzo de 2010. A lo lejos, se divisan varios puntitos de color, blancos, rojos, azules, destacándose sobre el gris-verde de la vegetación del desierto. Se mueven, se detienen, se reúnen, se separan, desaparecen de repente detrás de los yucas o debajo de los arbustos de gobernadora: son peregrinos huicholes -o wixarítaris como se denominan a sí mismos- “cazando” el peyote o "hikuri", el cactus sagrado que acompaña todos sus ritos. El Tanque Valentín, una pequeña presa que se encuentra vacía en esta época del año, constituye una de las últimas etapas de la peregrinación anual de los Huicholes cuya meta es Leunar, el Monte Quemado de los no-huicholes, a poca distancia del Real de Catorce.

El altiplano al norte de San Luis Potosí -un ancho corredor entre sierras, la Sierra de Catorce y la Sierra Coronado del lado oriente y la Sierra Picachos de Tunalillo del lado occidente- fue territorio de los Huachichiles, unas tribus de cazadores-recolectores y nómadas. Los Huachichiles nunca se asentaron en este lugar del cual se apropiaron en forma más bien simbólica, a través de pinturas rupestres o petrograbados, algunos de los cuales han sobrevivido al paso del tiempo.

Muy diferente fue la visión de los españoles. Después de vencer a los Huachichiles, se repartieron las tierras conquistadas y se dedicaron a su explotación sistemática. Al final del siglo XVI, el altiplano se llenó de pueblos -Salinas del Peñón Blanco (hoy Salinas de Hidalgo), Moctezuma, Venado, Villa de Ramos-, de haciendas mineras, ganaderas, agrícolas, ixtleras, salineras y mezcaleras. Se trazaron caminos, se cavaron tiros de minas, tanques y pozos, se desbrozaron campos. El lujo de las haciendas y la belleza de los edificios religiosos que han sobrevivido reflejan la bonanza que conoció el altiplano potosino en los siglos XVII y XVIII.

En 1779, fueron descubiertas unas minas de plata en la Sierra de Catorce, unas de las más ricas jamás encontradas en la Nueva España. Quince años después, el Real de Catorce contaba con 17,000 habitantes y tenía palenque, teatro, plaza de toros, periódico y Casa de la Moneda. Otros núcleos de población aparecieron más al norte -Vanegas y Cedral- alrededor de las haciendas que trataban una parte del mineral extraído en el Real.

En 1888, con la inauguración del ferrocarril México-Laredo -y de la Estación Catorce- el Real se encontró comunicado con la capital y los Estados Unidos. Poco tiempo después, en 1902, la abertura del túnel Ogarrio le facilitó el acceso hacia el pueblo de La Luz y la ciudad de Matehuala. Pero al principio del siglo XX, la producción de plata aumentó considerablemente en el mundo y su precio se derrumbó. En el Real, las minas empezaron a cerrar -la última en cerrar fue la mina de Santa Ana en La Luz, en 1908-. De 14,000 habitantes en 1905, la población del Real bajó a 2,700 cinco años más tarde y a 400 en 1938. Sin embargo, el pueblo nunca fue completamente abandonado, probablemente por ser un lugar de peregrinación: la fiesta patronal del 4 de Octubre sigue hasta la fecha atrayendo gente de toda la región.

Las minas del altiplano corrieron la misma suerte que las de la sierra: cerraron una tras otra. Una de las minas que sobrevivió -hasta los años 90- fue la mina de antimonio de Tierras Negras cuya planta de beneficio se encontraba en Estación Wadley. Hoy en día quedan solamente dos zonas mineras en explotación, en Charcas y en Villa de la Paz.

La Revolución trajo el desmantelamiento de las grandes haciendas del altiplano -Cruces, San Antonio de Rul, Guanamé, Coronado, Laguna Seca, Solís, Tanque de Dolores o Santa Gertrudis- cuyas tierras fueron repartidas entre varios ejidos. Los cascos de las haciendas, abandonados, fueron en su mayoría saqueados y vaciados de todos los materiales que podían ser reutilizados. La agricultura pasó a ser una agricultura de subsistencia (maíz, fríjol y calabaza) destinada al consumo local. Incluso la explotación del guayule(1), fuente de riqueza y de trabajo desde el final del siglo XIX, fue abandonada.

Medio siglo más tarde, el Real de Catorce y el desierto que lo rodea llamaron la atención de viajeros atraídos por la belleza del pueblo fantasma y la majestuosidad de los paisajes. En pocos años, el pueblo se volvió a poblar y fue uno de los primeros “Pueblos mágicos”, en 2001. Los que no lo conocían vinieron a visitarlo cuando el director Gore Verbinski lo escogió como escenario de la película “La mexicana”. Entre los visitantes, había también “turistas místicos” y estudiosos o conocedores de la cultura y del arte huicholes.

Desde tiempos inmemoriales, los huicholes realizan una peregrinación anual desde la Sierra del Nayar donde viven hacia el desierto de San Luís Potosí. Caminan a pié -actualmente hacen una parte del recorrido en camión- por pequeños grupos, guiados por un chaman o mara’akame. Su itinerario pasa por diversos lugares sagrados, donde realizan ritos y dejan ofrendas. A lo largo del recorrido, se someten a varios ritos de purificación antes de ingerir peyote para poder recibir el “don de ver”. Al llegar al pié de la Sierra de Catorce, “cazan” los peyotes -existen cinco colores de peyote como existen cinco colores de maíz- antes de emprender la subida a Leunar, el Cerro del Amanecer al cual llevan ofrendas.

La peregrinación a Wirikuta es un viaje de iniciación a través de un paisaje ritual y sagrado. Ajenos a toda idea de propiedad o apropiación, los Huicholes no han construido ningún edificio, ningún albergue, ningún altar a lo largo del camino a Wirikuta. No dejan rastro de su paso por el desierto con la excepción de las ofrendas -cruces y calabazas decoradas- que depositan en los lugares sagrados y no extraen otra planta que el peyote.

La afluencia turística despertó tensiones en la zona entre los visitantes, los ejidatarios, y los Huicholes, éstos quejándose de la actitud de los primeros quienes robaban las ofrendas, saqueaban los peyotes, se inmiscuían en las ceremonias y actuaban como si se encontrarán en un parque temático.

En septiembre de 1994, el Gobierno de San Luís Potosí declaró “Sitio de conservación histórico-cultural y zona de conservación ecológica los lugares sagrados y la ruta histórico-cultural del grupo étnico wixárika”. Y en junio de 2008, fue firmado un Plan de manejo del Sitio Sagrado Natural de Wirikuta. Ningún texto legal logrará conciliar dos visiones tan opuestas como la de los Huicholes que ven este territorio como un lugar sagrado y la de los habitantes del lugar o de los visitantes que lo consideran como un recurso aprovechable. Sin embargo, el Plan puede resultar útil en la medida que tiene por objetivo la conservación del sitio en varios de sus aspectos: la protección de la biodiversidad, de las cuencas hidrográficas, la regulación del uso del suelo y la preservación del patrimonio cultural. Y más ahora ya que una empresa canadiense compró títulos de concesiones de las minas de la Luz y de San Agustín, esta última situada al pié del Monte Quemado, unos cientos de metros abajo del centro ceremonial huichol.

Los guías locales afirman, medio en tono de broma, medio desengañados, que los visitantes llegan atraídos “por la fiesta de San Francisco, por las Willys o por el peyote, en este orden”. Sin embargo, el altiplano potosino desierto ofrece mucho más a los que buscan un viaje diferente.

Los antiguos pueblos del desierto a lo largo de las vías del ferrocarril merecen todos una visita: son pueblos ricos en historia y han conservado bonitas tradiciones como la Rosa de Plata que ofrecen cada año los peregrinos a su santo patrono. El grupo de los 4 “Coronado” en particular San José, San Antonio, Ranchito y Refugio de Coronado así como los pueblos vecinos de Estación Wadley y Guadalupe del Carnicero, presentan detalles arquitectónicos notables: el acueducto de San Antonio, la inverosímil cárcel de Guadalupe del Carnicero, las casas hechas de residuos del tratamiento del antimonio en Wadley, la iglesia de San José con su bonita vista sobre el desierto o la escuelita abandonada de Refugio de Coronado y su campana-riel, entre otros.
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Se debe mencionar también el pueblo de Catorce, construido en una cañada donde corre abundante agua, un oasis de altos árboles de aguacate enmarcando una iglesia fortaleza y las ruinas de unas haciendas de beneficio.

No queda nada de haciendas importantes como Santa Gertrudis o Tanque de Dolores, entre las que sobrevivieron se encuentran la hacienda Solís, la hacienda salinera de Salinas de Hidalgo y la hacienda mezcalera de Laguna Seca. A pesar del estado lamentable en que se encuentran, vale también la pena echar un ojo a los cascos de las haciendas de Guaname, San Antonio de Rul o Pueblazón. Arriba de Los Catorce, se encuentran las ruinas del Socavón de la Purísima, una hacienda del siglo XIX cuya elegante chimenea se divisa desde el camino que baja el Real al desierto.

Los trenes no se paran ya en ninguna de las estaciones del desierto, sobre los rieles soportados por modernos durmientes de concreto circulan solamente interminables trenes de carga. Sin embargo, algunas de las antiguas estaciones han llegado intactas a nuestra época, como las de Guadalupe del Carnicero, Wadley o Catorce. Constituyen interesantes muestras de la arquitectura industrial del siglo XIX al igual que la casa de la “Comercial La Saltillera” en Estación Catorce.

Otra excursión magnífica consiste en seguir el itinerario sagrado de los Huicholes sobre todo o parte de su extensión (desde el Zacatón o Villa de Ramos, pasando por Yoliatl, San Juan del Tuzal, Guadalupe Víctoria, Santa Gertrudis, Wadley, el Mastranto al pié de la sierra), visitando los lugares sagrados, en general manantiales, lagunitas o presas -Tatei Matinieri cerca de Yoliatl, Toi Maya’u, cerca de San Juan del Tuzal- o el centro ceremonial del Bernalejo en los alrededores de la presa de Santa Gertrudis. El itinerario atraviesa hermosos paisajes, presas, bosques de yucas, llanuras pobladas de gobernadoras, pueblos viejos y haciendas abandonadas.

Sin embargo, lo más sencillo -y a la vez lo más extraordinario- que se puede hacer a partir de Estación 14 es pasear por el desierto, en primer lugar para descubrir su fauna y flora. No es raro toparse con coyotes, más curiosos que asustados, o con correcaminos; también se puede observar cerca del Tumpian colonias de perritos de la llanura, una especie ya desaparecida en otros lugares del país. En cuanto a la flora, se compone de biznagas cabucheras con sus espinas rojas, sangres de grado, lechuguillas, nopales rastreros, choyas, magueyes, yucas, gobernadoras, albardas -una flora que pincha, araña, detiene al curioso que la quiso examinar más de cerca-. Sin olvidar el peyote con su inocente flor color de rosa o su peligroso pariente, el peyote del diablo.

Embriagado por el fuerte olor a alquitrán de las gobernadoras, el visitante que se adentra en el desierto experimenta extrañeza y desconcierto : el ojo, sin nada en que fijarse, se pierde en el horizonte, el oído espera en vano el zumbido de un insecto. Sin embargo, el visitante se siente rápidamente atrapado por el singular magnetismo emanando del paisaje mineral, inmóvil y atemporal que lo rodea. Hasta que de repente, el desierto irradia para él como si fuese la primera mañana del mundo.

Cómo llegar a Estación Catorce
:
- En vehículo particular: Desde el sur: Tomar la carretera 49 (San Luis Potosí-Zacatecas) y desviarse a la derecha unos Km. después de Mexquitic en dirección Moctezuma, Venado y Charcas (carretera 63). En Laguna Seca, tomar la carretera (a la izquierda) de Vanegas, la cual cruza las Estaciones Guadalupe del Carnicero, Wadley y Catorce.

Desde el norte: En San Luis Potosí, tomar la carretera 57 en dirección a Saltillo, después de Matehuala, desviarse hacia al izquierda en dirección de Cedral y Vanegas. En Vanegas, tomar a la izquierda -siguiendo las vías de ferrocarril- hasta Estación Catorce.

- Por transporte colectivo: Desde la central camionera de San Luís Potosí, sale a las 15 h 30 un camión de Estrella Blanca en dirección a Estación Catorce y Estación Wadley (5 horas aprox). El regreso sale de Estación Catorce a las 8 de la mañana. Hay camiones 3 veces al día (I + V) para Monterrey y varias corridas para Matehuala. Desde el Real de Catorce (abajo del Kiosco), sale el servicio colectivo hacia Estación Catorce en jeep Willys a las 12 del día. De regreso, sale de Estación Catorce hacia el Real a las 8 de la mañana (I o V: 45 minutos). Hacen servicios especiales todo el día.

Dónde dormir y comer:
- En Real de Catorce: Cuenta con hoteles y restaurantes de todas categorías, tiendas de artesanías y cybercafés.

- En los pueblos del altiplano: todos tienen pequeños hoteles y restaurantes. En Estación Catorce, existe el hotel El Altiplano (una antigua hacienda guayulera). Calle Ferrocarril, # 18. Tel 01(488) 881 30-34.

Excursiones a partir de Estación Catorce: Son principalmente 3 las excursiones y safaris fotográficos en el desierto que se pueden realizar desde Estación Catorce en jeeps Willys: pueblos y haciendas, ruta Wirakuta y paseos en el desierto (por ej., El Tumpian, alrededores de los Coronados, de Matehuala). Existe también un extraordinario paseo (8-10 horas) por la sierra a partir de San José de Coronado, pasando por Tierras Negras, El Encinal, Alamitos, La Luz, Real de Catorce. Contacto: Cristino Rodríguez. Tel (488) 882 61 08 y 044 444 1750 075. willysdelreal@hotmail.es. Ofrece paquetes “Transporte-hospedaje-alimentación” que brindan la oportunidad de descubrir los platillos locales -como los cabuches- preparados por la anfitriona.

Notas de interés.
- Las Willys: Vehículos americanos emblemáticos de la guerra de Corea, han alcanzado la edad de la jubilación desde mucho tiempo. Sin embargo, siguen paseando turistas entre el Real y Estación Catorce y por la Sierra por caminos escarpados prohibidos a los demás vehículos.

- Protección de la biodiversidad: No se puede extraer ninguna planta -y no solamente el peyote- dentro del perímetro de la Reserva.

- El mezcal: La hacienda de Laguna Seca produce un excelente mezcal, premiado en el extranjero.

- Protección internacional de la zona y de la cultura huichol: La OIT (Convención 169), la UNESCO, el UICN han publicado textos que protegen a los pueblos indígenas y a sus sitios naturales sagrados.

(1) El guayule es un arbusto del desierto cuyo látex tiene una calidad superior al del hevea.

Referencias Bibliográficas:
- México en 1827. Henry George Ward. FCE. Reimpresión 1995.
- Huicholes. Johannes Neurath. CDI. 2003.
- Condiciones y obstáculos en el uso y aprovechamiento de los sitios sagrados de los huicholes. Arturo Gutiérrez del Ángel. CDI. 2006.
- Guías México y su Patrimonio: Real de catorce (SLP). INAH. 1999.
- El Pequeño Principe. Antoine de Saint Exupéry.

Referencias:
Secretaría de Turísmo de San Luis Potosí.

Texto Anne Bonnefoy
Fotografía Anne Bonnefoy

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Última actualización de información: Mayo 2010

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