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Los Curpites de San Juan Parangaricutiro: reinterpretación de una antigua tradición.

(San Juan Nuevo, Estado de Michoacán)

Una mañana de febrero de 1943, los habitantes de San Juan Parangaricutiro, llamado también San Juan de las Colchas, tuvieron la sorpresa de descubrir que tenían un nuevo vecino, incómodo y ruidoso: un volcán que estaba creciendo a proximidad del pueblo. Cuando se terminó la erupción 9 años más tarde, el volcán Paricutín alcanzaba los 2,800 metros de altura y los habitantes de San Juan Parangaricutiro estaban asentados en las tierras de la ex-Hacienda de los Conejos, a unos 10 Km. de Uruapan, donde habían fundado el pueblo de San Juan Nuevo.

Nadie murió en la erupción del Paricutín, la pared de lava negra avanzaba muy lentamente -los ancianos recuerdan que unos visitantes encendían sus cigarrillos en la materia en fusión- pero inexorablemente. Las trojes se quemaban al ser alcanzadas por la lava, se salvó solamente la torre de cantera del templo, la cual se yergue hasta el día de hoy como un faro en medio de olas petrificadas. Un año después del principio de la erupción, los habitantes de San Juan Parangaricutiro abandonaron su pueblo -el Señor de los Milagros, una imagen muy venerada en la región, a su cabeza- llevando con ellos sus pertenencias y sus costumbres, entre las cuales sus danzas.

La danza sigue siendo al día de hoy un modo de expresión tradicional en el pueblo: se entra en la nueva iglesia para visitar al Señor de los Milagros o agradecerle por favores recibidos, bailando desde la puerta hasta el pié del altar mayor. Se bailan en San Juan Nuevo todas las danzas de la región -de los Negritos, de los Pastores, de los Viejitos- pero también una danza originaria del pueblo que da lugar a una gran fiesta popular al principio del mes de enero: la danza de los Curpites ("los que se juntaron").

La Relación de Michoacán contiene varias descripciones de danzas ceremoniales prehispánicas -de la mariposa, de las flores, de los elotes- pero no hace mención de la danza de los Curpites. La tradición oral afirma que es anterior a la conquista y de ser cierta esta hipótesis, con toda probabilidad era una de estas danzas-ceremonias o danzas sagradas protagonizadas por los sacerdotes purépechas.

Las que sí quedaron documentadas son las "modernizaciones" que experimentó la danza desde el siglo pasado, especialmente en cuanto a la música que la acompaña: las chirimías y los tambores tradicionales fueron reemplazados por instrumentos de cuerda en el siglo pasado, y más recientemente por una banda, en la cual predominan instrumentos de viento.

La danza de los Curpites dura tres días entre el 6 de enero -día de la "entrada"- y el 8 día del concurso. Los habitantes de San Juan Nuevo afirman que se reúnen los Curpites para buscar el Niño Dios que se ha perdido. A falta de explicación convincente, se puede suponer que la fecha se heredó de los tiempos prehispánicos.

Hoy en día, la Curpiteada se presenta como una competición entre dos grupos de danzantes de San Juan Nuevo, uno del barrio de San Miguel y otro del barrio de San Mateo. Cada grupo está conformado por un "t'arepiti", una "maringuía" y una decena de Curpites, cada uno con su atavío característico.

El rostro del "t'arepiti" (el Viejo y también San José) está cubierto con una máscara con barba y lleva espejos en la frente, dos delantales bordados atados de parte y otra del cuello formando una casulla, una capa bordada, varias vueltas de cascabeles de metal en los tobillos y un guaje maqueado; carga en el hombro un bastón con cabeza de caballo y campanita, símbolo de mando. Unas guirnaldas navideñas a manera de cabello le cuelgan en la espalda hasta la cintura.

La indumentaria de la "maringuía" -la Virgen María- consiste en una blusa blanca, una falda plisada de lana tradicional de la región tapada en el frente por un delantal bordado, un rebozo atado en la espalda, máscara, collares y sombrero. Este papel está siempre interpretado por un hombre "porque en el pasado, los danzantes se pelearon por la mujer quien interpretaba a la maringuía".

Los atavíos de los demás integrantes del grupo son muy similares al del t'arepiti, aunque un poco más sencillos, una mascada les cubre la nariz y la boca, no cargan bastón. Las máscaras de los danzantes, ya no maqueadas como antes sino pintadas con pintura acrílica de color rosado, tienen rasgos europeos.

Todos son hombres jóvenes, de menos de 20 años y solteros. Durante los tres días de la fiesta, desfilan en las calles o danzan frente a las casas de sus novias -quienes les han bordado el delantal que llevarán en la competición: la danza de los Curpites es parte de un ritual de cortejo. Y bastan unas conversaciones con la gente del pueblo para comprobar que no son pocas las parejas que se comprometieron en las fiestas pasadas, con la aprobación de sus familias.

Como contrapartida a estos Curpites, que son los Curpites bonitos, se crearon grupos de Curpites feos. Tienen apenas unos años más que los Curpites bonitos pero no pueden participar a la competición por ser casados. Los Curpites feos se visten con ropa gastada o rasgada y se cubren el rostro con máscaras modernas de hule que pueden ser de monstruos, de políticos, de extraterrestres. Arman un Carnaval y una parodia de los Curpites bonitos. Como ellos, para hacer su entrada, tienen que danzar en el patio de la iglesia, en la presidencia y en la capilla de la Virgen del Hospital.

El concurso tiene lugar el día 8 en la explanada que se extiende entre la iglesia y la Presidencia donde se arma cada año una tarima de madera. Este día, desde muy temprano, los habitantes del pueblo empiezan a distribuirse en las gradas, los seguidores del barrio de San Mateo frente a los del barrio de San Miguel. Mientras que unos trabajadores terminan de elevar una malla metálica de más de dos metros de altura alrededor de la tarima y de la mesa del jurado, cada grupo realiza un último ensayo en su barrio.

Al final de la mañana, el t'arepiti y la maringuía acompañados de un grupo de "encargados del vestuario", entre ellos dos hombres llevando cestas con máscaras -las mismas máscaras que se usaban en el antiguo pueblo- se dirigen a una casa donde se les van a ofrecer una comida y donde se van a vestir, lo cual requiere tiempo y atención. La elegancia de los danzantes es fuente de prestigio para el barrio, es también un elemento que el jurado tomará en cuenta a la hora de atribuir puntos.

A medida que el tiempo pasa, y que los gritos en la plaza se oyen más fuertes, la tensión en uno de los grupos aumenta: una voz angustiada pide un secador de pelo para fijar la pintura del bastón del t'arepiti, otra interpela un chico que extravió la caja de alfileres. Cuando están listos, más de una hora y media más tarde, los dos grupos bailan unos minutos en la casa donde comieron y hacen su entrada en la plaza.
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Cuando los dos t'arepitis y las dos maringuías inician sus primeros pasos en la tarima, el espectador quien presencia el evento por primera vez, no puede creer lo que tiene frente a sus ojos. Esperaba movimientos rápidos y ritmo acelerado, pero lo que ve es una danza pausada, pasos cortos, tacones que nunca se levantan más de 5 centímetros encima la tarima -los pies tocando el piso con toda la planta-, movimientos muy controlados, precisos, casi mecánicos. Los cuatro danzantes -cuyas elegantes siluetas podrían encajar muy bien en cualquier teatro de sombras de Jogyakarta- se desplazan lentamente y muy erguidos, zapateando casi sin moverse.

Los desplazamientos y pasos de los demás integrantes son más rápidos y amplios, agitan los bordes de sus capas negras, tal una bandada de cuervos a punto de levantar vuelo, un movimiento que les es propio, lanzan aullidos -quizás un recuerdo de los tiempos antiguos cuando los danzantes lucían máscaras de animales- y ejecutan saltos al salir.

Durante todo el evento -la danza consta de 5 partes y dura alrededor de dos horas-, la atmósfera es de mucha tensión en las gradas, el público podría ser el de un partido de futbol, de un espectáculo de lucha libre o de un concierto de rock. Todo movimiento logrado por uno u otro danzante -un sutil cambio de paso o el muy esperado "paso de la muerte" que se ejecuta en la orilla de la tarima con un pie volado- ofrece la oportunidad de aplaudir, gritar y desafiar "los de enfrente". No puede uno dejar de admirar los danzantes quienes siguen su actuación, aparentemente indiferentes a la tensión y a la música, la cual cubre hasta el sonido de sus cascabeles. De hecho, música y danza parecen pertenecer a universos paralelos.

Al terminar la danza y mientras esperan la decisión del jurado, seguidores de cada grupo invaden la tarima, se desafían y desatan una guerra con caramelos a manera de proyectiles. Y siguen desafiándose, incluso cuando una veintena de policías se colocan entre ellos, pisoteando la alfombra de caramelos, para evitar enfrentamientos serios.

Ahora les toca a los Curpites feos ocupar la tarima. Los Curpites bonitos acompañados por su inagotable banda se dirigen hacia las casas de su novias donde van a bailar, depositar en su cuarto chocolates y dulces -antes era piloncillo- envueltos en una mascada y "robar" algún osito de peluche, alguna muñeca u otro objeto que ella le haya dejado a propósito.

En la calle, los espectadores comentan muy animados el evento y las actuaciones de los danzantes, especialmente la de un joven danzante en el cual ven un futuro t'arepiti, hacen comparaciones con las Curpiteadas pasadas. Por su parte, el visitante trata de interpretar lo que acaba de presenciar: ¿La versión siglo XXI de una danza ceremonial prehispánica? ¿Un ritual de cortejo fortaleciendo los valores de una sociedad patriarcal? ¿Una reafirmación de cohesión social de un pueblo desplazado y que lucha por perpetuar su identidad? ¿Una guerra ritualizada entre barrios? ¿Una manifestación religiosa? ¿Un rito de pasaje para las nuevas generaciones? Probablemente un poco de todo pero sin lugar a dudas y antes que todo, una fiesta popular alegre y una extraordinaria danza.

Cómo llegar a San Juan Nuevo:
- En automóvil: San Juan Nuevo se encuentra a media hora del centro de Uruapan.

- En transporte colectivo: Existen corridas de camiones (ETN, Primera plus, ...) desde la central camionera de Observatorio (6 horas). Y desde el centro de Uruapan hasta San Juan Nuevo.

Dónde comer y dormir:
Los que no se quieren hospedar en Uruapan encontrarán varios hoteles en San Juan Nuevo: es un lugar de peregrinación -recibe gente de toda la República para visitar al Señor de los Milagros a lo largo del año-.

Hay puestos en la plaza principal y restaurantes en su alrededor. Se recomienda probar las corundas -pequeños tamales en forma de estrellas- y el churipo, un caldo a base de carne de res.

Datos útiles:
- Hoy, San Juan Nuevo es un pueblo de más de 15,000 habitantes, rodeado de un mar de árboles de aguacate -su principal fuente de ingresos-.

- Fabricante de máscaras de San Juan Nuevo: Juan Aguilar Saldaña. Av. Narciso Mendoza s/n - Barrio San Francisco. Cel. : 452 545 28 31 y 452 125 33 18.

- Oficina de turismo en Nuevo Parangaricutiro. Av. 16 de septiembre s/n, Col Centro. Tel: (452) 594 0211 y 594 0220. Regidora de Turismo: Dra. Angélica Remigia González Guerrero.

- Existe también una danza de los Curpites en el pueblo de Calzontzin, a unos Km. al este de Uruapan, en los últimos días del mes de diciembre.

Agradecemos a las señoras Silvia Huanosto de la Dirección de Turismo de Uruapan y Angélica Remigia González Guerrero, encargada de Turismo de Nuevo San Juan Parangaricutiro, por su ayuda.

Referencias Bibliográficas:
- Kurpiticha. Herencia tradicional de San Juan Parangaricutiro. Rocío Prospero Maldonado. H. Ayuntamiento Constitucional de Nuevo San Juan Parangaricutiro. 2000.

Texto Anne Bonnefoy
Fotografía Anne Bonnefoy

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Última actualización de información: Enero 2012

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