Lugares de Mexico
 
 


Chipilo

Un rincón del Véneto italiano en el Estado de Puebla.
(Estado de Puebla)

Un gran letrero en la carretera Puebla-Cholula anuncia "Chipilo, ciudad hermana de Segusino (Treviso - Italia)", pero apenas pasamos frente a las primeras casas y a una iglesia al pie de un cerrito, notamos que ya llegamos a los límites del pueblo. Chipilo no es la ciudad que anunciaba orgullosamente el letrero, sino un pueblo pequeño. En cuanto a Segusino, más que "ciudad hermana" de Chipilo, es el lugar de origen de muchas de las familias que fundaron el pueblo en 1882: Chipilo es una de las seis colonias italianas creadas en la época porfiriana, y la única que ha sobrevivido hasta nuestra época.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, los países latinoamericanos abrieron sus puertas a la emigración europea. Los italianos escogieron en general como destino el sur del continente, especialmente Argentina y los estados sureños de Brasil, donde crearon importantes colonias, muy activas hasta el día de hoy. Otros, mucho menos numerosos, se dirigieron a Venezuela o a México.

Los gobiernos de México trataron desde 1847 de atraer europeos para poblar el territorio y fomentar el desarrollo económico. Tanto el gobierno de Comonfort como el de Benito Juárez promulgaron leyes a favor de la colonización extranjera, pero fue solamente hasta la Ley del 31 de mayo de 1875 que la Secretaría de Fomento, Colonización, Industria y Comercio del gobierno de Porfirio Díaz empezó a "importar" colonos de Europa.

De Italia, se pensaba traer cientos de miles de colonos, fueron varios los contratos celebrados entre el gobierno mexicano y agentes acreditados para reclutarlos y embarcarlos hacia México, siempre que fuesen agricultores, católicos y de "buenas costumbres". Pero al final fueron solamente 6 colonias italianas, y pequeñas, las que se fundaron en México: la Colonia Manuel González en Huatusco Estado de Veracruz, la Colonia Aldana en Azcapotzalco-DF, la Colonia Porfirio Díaz en Barreto Estado de Morelos, las Colonias Carlos Pacheco en Mazatepec y Fernández Leal en Chipilo las dos en el Estado de Puebla y la Colonia Díez Gutiérrez en la Hacienda Ojo de Agua, cerca de Ciudad del Maíz Estado de San Luis Potosí. O sea menos de 3,000 personas.

Las Colonias Porfirio Díaz en Morelos y la de Mazatepec no prosperaron y se disolvieron rápidamente, los integrantes de las demás perdieron poco a poco su identidad para integrarse a su nueva patria. La única que sobrevivió hasta el día de hoy es la ex-Colonia Fernández Leal, rebautizada luego Chipilo de Francisco Xavier Mina.

Un enviado del gobierno italiano escribe en 1902 que "Chipilo fue fundado en 1882 por cerca de 38 familias de Alta Italia, entre los cuales había lombardos y vénetos, un total de 421 personas que formaron parte de la expedición del vapor Atlántico, que llegó a Veracruz el 23 de septiembre de 1882. A este primer contingente, se agregaron, en junio del año siguiente, otras 20 familias sacadas de la Colonia Porfirio Díaz y que formaron un total de otras 100 personas".

Los Vénetos provenían de un pequeño pueblo de la región de Venecia, Segusino, afectado el año anterior por el desbordamiento del río Piave. Habían perdido todo y se dejaron seducir por la perspectiva de rehacer su vida en el Nuevo Mundo donde supuestamente les esperarán más tierras y tierras más ricas que las que habían cultivado hasta entonces.

El gobierno puso a la disposición de los colonos las tierras de las haciendas de Tenamaxtla y San Diego Chipiloc, a unos kilómetros de Puebla. El informe agrega que "a cada una de estas primeras familias, les dio el gobierno 6 hectáreas de terreno, además de los implementos agrícolas, algunas cabezas de ganado y una peseta diaria para los adultos y media para los menores de edad para todo el tiempo necesario para el establecimiento de la colonia, es decir hasta las primeras cosechas".

Los primeros tiempos de la pequeña colonia fueron difíciles, y no solamente por el cambio de vida y de continente. Las tierras puestas a su disposición eran arenosas o pedregosas, las condiciones climáticas -hace frío en esta zona y las lluvias son irregulares- no de las mejores. Los recién llegados tuvieron que enfrentarse a las comunidades vecinas que vieron llegar sin entusiasmo nuevos competidores en la contienda secular por las tierras del valle de Puebla. Si bien indígenas y colonos tenían en común el amor a la tierra, el vinculo que les unía a ella era muy diferente.

Sin embargo, a pesar de las dificultades iniciales o quizás por ellas, los colonos se mantuvieron unidos y se resistieron a irse para probar suerte en otro lugar. Con el tiempo, lograron establecer una rica agricultura de riego y ganadería que perdura hasta el día de hoy.

Chipilo tiene hoy alrededor de 3000 habitantes. Consta de un "centro" conformado por el casco de la ex-hacienda de Chipiloc -alberga el Colegio Unión, a cargo de monjas salesianas-, la iglesia construida en los años 30, la Casa d'Italia reconvertida en salón social, fue originalmente construida para ser la sede del partido fascista.

Desde el centro, un sendero lleva al cerrito de Chipilo o Chipilotepetl, rebautizado Monte Grappa, una montaña famosa del Véneto. El cementerio ocupa la ladera sur. De la cumbre, donde se ha colocado una piedra del verdadero Monte Grappa, se tiene en temporada seca una bonita vista sobre los tres volcanes.

Alrededor del centro, subsisten algunas de las primeras casas construidas por los colonos a su llegada, casas grandes conformadas con dos patios: el patio principal alrededor del cual se distribuyen la casa familiar y diferentes habitaciones -la cocina, la lavandería, el cuarto donde se hacía el pan, otro donde se hacía el requesón o la polenta- y el patio trasero para el ganado. De un solo piso con techos de tejas romanas, fachadas lisas y ventanas estrechas, eran casas funcionales, sin ningún tipo de decoración.

No hay a primera vista nada que diferencie Chipilo de los demás pueblos de la región; sin embargo al caminar por las calles, el ojo busca en vano lo que no puede faltar en un pueblo de México: el zócalo, el kiosco y la cantina. Tampoco encuentra el tradicional sombrero blanco de los campesinos rematando la también tradicional camisa de cuadros -los hombres de Chipilo llevan un gorro de tela y una camiseta de rayas horizontales-, ni el delantal floreado de las amas de casa.

Al mismo tiempo, el ojo empieza a notar unas sábanas tendidas en medio de la calle, unos jubilados tomando el sol en la puerta de su casa, el cementerio construido en las laderas del cerrito, vehículos de dos ruedas de todos tipos dando vueltas por las calles, en particular scooters con los cuales los jóvenes pasean a sus novias. La atmósfera en las calles está muy sosegada: poca propaganda visual, poca música saliendo de los escasos y discretos comercios.
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Los Chipileños han conservado su identidad, basada en su origen étnico -el tipo físico de los italianos del norte predomina todavía en las calles-, su cultura patriarcal y su idioma. Siguen utilizando dentro de su comunidad el véneto, una lengua derivada del latín que se trasmite oralmente dentro de las familias, a la cual han agregado unas palabras del náhuatl hablado en las comunidades vecinas y otras del español.

Esta identidad está también fuertemente ligada a la propiedad privada de sus tierras, a la actividad económica tradicional del pueblo, la ganadería, y a su historia. Si bien investigadores y periodistas tanto nacionales como italianos les han dedicado estudios, tesis y artículos, los habitantes del pueblo han construido su propia historia alrededor de unos episodios sobresalientes como su partida de Segusino, la victoria sobre un grupo de zapatistas en 1917 o el rechazo de las tierras de un ejido vecino ofrecidas por el Presidente Lázaro Cárdenas en los años 30.

Hoy en día, los elementos económicos que sustentaron la identidad chipileña están perdiendo fuerza. La reciente crisis ganadera afectó también a Chipilo. Las maquiladoras de muebles instaladas para proveer empleo alternativo fracasaron. Chipilo sigue produciendo grandes cantidades de leche, pero la ganadería se ha vuelto una actividad familiar cuyas ganancias deben de ser completadas por otras más. Los jóvenes buscan empleos menos duros y mejor pagados en el DF o en Puebla las manos rugosas que estrechan las del visitante en las calles de Chipilo pertenecen siempre a personas de cierta edad.

Los chipileños han tratado de conservar sus tierras, dando prioridad a los miembros de la familia o de la comunidad cuando tuvieron la obligación de venderlas. Sin embargo hoy, no todos los habitantes del pueblo son descendientes de los primeros migrantes y numerosos chipileños han escogido "exiliarse" existen comunidades de chipileños en las vecinas ciudades de Atlixco o Puebla, o mucho más lejanas, como San Luís Potosí. La presión sobre las tierras urbanizables sigue aumentando por la proximidad de Puebla, la mancha urbana avanza y representa una amenaza para la pequeña comunidad, quizás la más seria desde su llegada hace 130 años.

Nadie puede decir hasta cuando Chipilo logrará mantener su identidad, pero no hay duda que los Chipileños harán lo posible para defenderla y conservarla. Cuando en 2003, el Gobernador del Estado de Puebla propuso la construcción de medio millar de viviendas en un terreno cercano a Chipilo, los chipileños le escribieron una carta, a la cual anexaron la Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural y la Declaración Universal sobre los Derechos Lingüísticos de la UNESCO, para rechazar el proyecto, argumentando que "los representantes del Instituto Poblano de la Vivienda... nos dijeron que deseaban construir esta unidad habitacional en Chipilo 'por nuestra cultura y nuestra diferencia'. Lo curioso es que esta cultura y estas diferencias (...) si se ponen en contacto indiscriminado con un número excesivo de gente ajena, terminarán por desaparecer. Es justamente nuestra cultura y nuestras diferencias que deseamos proteger. Es, en pocas palabras, lo que hemos sido, lo que somos y lo que, comunitariamente, deseamos seguir siendo"(1).

Chipilo no es un lugar turístico, no tiene monumentos o museos, ni tradiciones folklóricas. Pero este rincón europeo a media hora de la ciudad de Puebla es un buen destino para un paseo dominical, al igual que el barrio chino de la ciudad de México o cualquier barrio extranjero: ofrece la oportunidad de cambiar de país por un rato, descubrir otra gastronomía y escuchar otro idioma.

Sin embargo, para quien toma el tiempo de pasear por sus calles y hablar con los descendientes de los primeros colonos, una visita a Chipilo significará mucho más: el descubrimiento de un aspecto olvidado de la historia de México y de una notable aventura humana que resultó ser un éxito.

Cómo llegar a Chipilo:
- En transporte colectivo: Desde la CAPU-Puebla, salen combis que lo dejan a la entrada del pueblo.
- En transporte particular: Salir de la autopista México-Puebla por la salida de Atlixco-Cholula. La entrada al pueblo, bien señalizada, se encuentra del lado derecho, antes de llegar Cholula.

Dónde comer y dormir en Chipilo:
No hay hoteles en Chipilo, pero Chipilo se encuentra a unos 12 Km. de Puebla, donde hay hoteles de todas categorías y muy cerca de Cholula y Atlixco, pueblos que cuentan también con hoteles.

En cuanto a restaurantes, una visita a Chipilo es la oportunidad de descubrir o redescubrir la gastronomía del norte de Italia. Hay varios restaurantes muy recomendables, entre otros La Casa del Ranchero (cerrada el domingo), el Italo-Mexicano (en las afueras del pueblo, en la carretera de Cholula) o El Establo.

La tienda "La Nave Italia", frente a la iglesia, vende todo tipo de embutidos, lácteos y otros productos tradicionales del Véneto entre otros harina de maíz para preparar polenta.

Se puede también conseguir productos lácteos -en particular quesos y yogures- en las pequeñas unidades de producción que se descubren al caminar por las calles del pueblo.

(1) Citado por Anaid Citlalli Reyes Kipp. "Un arroz negro entre los blancos". Etnicidad, tierra y poder en Chipilo, Puebla.

Bibliografía:
- Los Cuah'tarames de Chipilo. J. Agustín Zago. 1998.
- Chipilo, 120º aniversario. J. Agustín Zago.
- Los Italianos en México. José B. Zilli Manica. Ed Concilio. 2º edición 2002.
- "Un arroz negro entre los blancos". Etnicidad, tierra y poder en Chipilo, Puebla. Anaid Citlalli Reyes Kipp. Tesís UDLAP. 2005.
- Un pueblo entre dos patrias. Mito, historia e identidad en Chipilo. Puebla (1912-1943). Franco Savarino. Revista Cuicuilco. 2006.


Texto Anne Bonnefoy
Fotografía Anne Bonnefoy

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Última actualización de información: Octubre 2011

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